brincando charcos en el jardin;
miró a Alejandro intentando brincar una barda y luego otra y otra más,
hasta una mañana de suerte que se asomó a su lado.
hasta una mañana de suerte que se asomó a su lado.
Hubo entonces mermelada de fresa
y canicas de colores.
La sombra de un árbol acompañó su paz.
Tenían tan poco, lo pusieron al centro
dónde el otro podía mirar
Yo miraría cualquier cosa de ti.
Luego llegó la tarde y se llenaron de arena,
había viento y traía magia.
Un payaso le advirtió que sólo a ella podría quererla.
No durmieron 6 atardeceres.
Al séptimo murió un buen gorrión,
amigo ¿por qué nos dejaste?,
y se tomaron de la mano para no caer.
Mi espalda es ahora hogar de tus lágrimas.
Entonces si he de morir quiero que sea contigo- dijo la mañana
y se volvieron la noche; abejas de noche, abrazos de noche, que nadie que no entienda nos mire.
Aún no llego a despreciarte,
y no es lo que intento decir
si no que tus ojos son pistolas
y no tener miedo es lo que digo intentar.
y no tener miedo es lo que digo intentar.
Dessiré se abraza a los troncos
Alejandro camina de espaldas
¿Cuántas horas más existen para amarnos?